La vio pasar con su flow de novela,
cabello al viento, mirada que vuela.
Él, sentado en la misma banqueta,
fumando despacio, sin más receta.
No tiene billete, ni carro, ni traje,
pero guarda versos entre el coraje.
Y aunque lo llamen “el loco del barrio”,
su corazón late como un relicario.
Le escribe en el aire con ojos sinceros,
le sueña despacio, sin ser embustero.
No le habla, no sabe qué decir,
pero con verla ya empieza a vivir.
Ella lo mira, quizás por pena,
él lo confunde con amor que suena.
Y así, cada día, la espera en su esquina,
como si el sol bajara con ella encima.
No tiene nada, pero da su todo,
un vago enamorado, sin mapa ni modo.
Y en cada suspiro perdido en el viento,
lleva su nombre… como sentimiento.



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