En el barrio suenan gritos antes que el gallo,
la paz es un mito, la ley un fallo.
Aquí no se duermen con cuentos de hadas,
se duerme rezando que no caiga nada.

Los muros tienen nombres escritos en sangre,
historias cortadas por plomo que arde.
Niños jugando junto a casquillos,
la infancia perdida entre los pasillos.

Se resuelve todo con mirada dura,
el miedo camina con la cara más pura.
Un insulto mal dicho, una deuda sin pago,
y ya se corrió la noticia: “lo bajaron al vago”.

Madres llorando sin voz, sin justicia,
la patrulla pasa sin prisa, sin prisa.
Nadie vio nada, todos lo saben,
pero en este juego, los soplones no caben.

Así es el barrio, herido y caliente,
donde un arma decide quién sigue y quién muere.
Pero en medio del humo y del llanto diario,
también hay amor… en este barrio sangrario.

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