Tirado en la acera, pupilas de hielo,
el alma perdida flotando en el suelo.
Fentanilo en vena, tiempo detenido,
ya no siente el cuerpo, ya no hay sonido.

Lo llaman «el Muerto», aunque siga vivo,
respira despacio, con miedo al castigo.
Una sombra más del barrio cansado,
otro nombre menos en lo olvidado.

Antes fue risa, fuego, chispa,
hoy es silueta que el mundo esquiva.
La dosis lo arrulla, lo hace volar,
pero cada viaje lo deja sin mar.

Tiene madre, tuvo hogar,
pero la calle no sabe cuidar.
Y en cada esquina, con ojos de niño,
se apaga despacio, como un cigarro sin destino.

No vino al mundo pa’ ser tragedia,
pero el polvo lo abraza y ya no lo suelta.
Y mientras pasa otro que no quiere mirar,
él duerme sin soñar…
esperando no despertar.

Deja un comentario

Latest Articles