Dicen que es vago, que no hace nada,
que la vida se le escurre en la madrugada,
pero nadie ve lo que carga en la espalda,
ni los inviernos que duelen sin manta.

Se sienta en la esquina, fuma despacio,
mira la ciudad como un viejo sabio,
no tiene reloj, ni meta marcada,
pero conoce el valor de la calma prestada.

Fue obrero, fue hijo, fue novio un día,
la calle lo hizo su filosofía.
No busca lástima, ni redención,
solo respira, sin explicación.

Algunos lo esquivan, otros se burlan,
pero sus ojos cuentan lo que muchos ocultan.
No es flojo, no es menos, no es nada perdido,
es solo un alma… sin rumbo definido.

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