Se sienta en la esquina, mochila vacía,
su mente volando, su alma dormida.
Un porro encendido, rutina bendita,
le da paz al caos que nadie le quita.

Dicen: “ese vago, solo sabe fumar”,
pero no saben nada de su caminar.
Calles sin madre, noches sin cama,
creció entre balas, mentiras y flamas.

El humo lo envuelve, le cuenta secretos,
esconde el dolor tras gestos discretos.
No habla de sueños, le pesan los años,
la vida le dio más golpes que abrazos.

Ríe sin dientes, canta sin tono,
vive en su nube, sin pedir perdón.
Y aunque lo miren como un desperdicio,
él fuma su verde, sin prejuicio.

No tiene reloj, ni planes, ni prisa,
pero en su mirada, aún queda una chispa.
Y en cada calada, se aleja un poquito,
de este mundo frío… que nunca fue bonito.

Deja un comentario

Latest Articles