Con una mochila y fe en la mirada,
cruzaron montañas, cruzaron la nada.
Saltaron el muro, burlaron desierto,
persiguiendo un sueño que aún está incierto.
Dejaron su casa, dejaron su gente,
por un dólar diario, por un paso decente.
Vinieron sin visa, sin sello ni ley,
pero traen coraje que tú no sabés.
Los llaman «sin papeles», «una amenaza»,
pero limpian tus calles, te cuidan la casa.
Cosechan tu fruta, cocinan tu cena,
y aún así viven con miedo y condena.
Tienen dos nombres y dos corazones,
uno en el norte, otro en canciones.
No buscan lujo ni fama en vitrinas,
solo pan diario y paz en la esquina.
Se esconden del ICE, esquivan redadas,
duermen en cuartos sin almohadas.
Y aunque el sistema los quiera invisibles,
siguen de pie… firmes, invencibles.
Porque un papel no da humanidad,
ni una frontera mata la verdad.
Son padres, hermanos, fuerza y razón…
son inmigrantes… no una invasión.



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