Dicen que es cool, que es joven, que es duro,
que limpia las calles y que impone el futuro.
Pero el futuro, bro, se construye con justicia,
no con shows, con filtros, ni con falsa caricia.
Nayib se pone la gorra, juega al rebelde,
pero su séquito camina como serpiente.
Detrás del brillo, del tweet bien armado,
hay pactos en sombra que huelen a pecado.
Prometió libertad, pero vigila tu paso,
con cámaras, cárceles y un nuevo lazo.
Te encierra el alma con cara de héroe,
y su gente, hambrienta, le aplaude sin ver el leve.
Los malhechores visten traje y sonrisa,
hablan de orden mientras la verdad se desliza.
Silencio al disidente, premio al adulador,
la democracia vestida de emperador.
Y sí, limpió pandillas… ¿o negoció en secreto?
¿Es paz verdadera o solo otro libreto?
El miedo es orden si lo ves por encimita,
pero un pueblo callado no es una patria bendita.
No me trago el TikTok ni la cuenta editada,
no me venden progreso con prensa comprada.
El que ama su tierra no teme a la crítica,
ni necesita cárceles gigantes pa’ la política.
Bukele y su combo de luces y pantalla,
¿pa’ quién trabajan cuando el pueblo no halla?
Preguntá al mercado, al jornalero cansado,
al que aún reza esperando lo prometido… frustrado.



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