Latinoamérica tiembla bajo sus trajes caros, mientras los presidentes juegan al monopoly con nuestras pensiones. Sus firmas huelen a gasolina quemada, decretos que incendian barrios mientras ellos brindan con champagne en torres de vidrio blindado. «¡Austeridad!» gritan los ministros mientras compran jets con el IVA que le robaron al vendedor ambulante. Sus cuentas en Panamá tienen más ceros que las escuelas de mi comuna. Mira esos discursos en cadena nacional— labios untados de mierda dorada, prometen empleo y dan migajas, hablan de patria mientras venden hasta el aire que respiramos. Ejemplo 1: El salario mínimo = 1 iPhone cada 3 meses Ejemplo 2: La canasta básica = 3 iPhones al mes Conclusión: Nos matamos trabajando para que el hijo del congresista tenga el último modelo. Sus democracias son cheques sin fondos, sus elecciones, outlets de mentiras, y cuando el pueblo se cabrea mandan a los pacos a repartir plomo bajo el hashtag #LeyYOrden. Pero abran los libros, señores: la deuda pública es su botín privado, los hospitales colapsan pero sus yates tienen helicóptero. ¿Qué clase de economía es esta? Capitalismo para los pobres, socialismo para los millionarios. Y ojo, que no es izquierda vs. derecha— es los de arriba vs. los que sangran, mientras la prensa oficial nos repite como mantra: «Recorten, ahorren, aguanten…» Pero en las plazas ya se escucha el estruendo: «¡Que se vayan todos!» El pueblo ya no cree en caudillos, sabe que el enemigo usa traje italiano y habla de meritocracia mientras hereda privilegios. Epílogo: Nos quieren con hambre y distraídos, pegados al celular viendo fútbol gratis, pero hay una generación que lee entre líneas los contratos que firmaron con el diablo… Y viene quemando copias.
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