En las calles de Estados Unidos, donde el miedo pinta las paredes, caminan los nuestros con pasos callados, sombras que el viento no quiere llevar. Los nombres se borran en listas de hielo, voces que gritan: *»¡Aquí no son bienvenidos!»* Pero en sus manos llevan el fuego de quienes sembraron su vida en el frío. Los niños preguntan: *»¿Por qué nos persiguen?»* y el eco responde con silencio hostil. Sus risas son flores en cemento agrietado, su futuro, un número en un archivo. Pero somos raíces que rompen el suelo, somos la luz que no sabe morir. Aunque las leyes nos quieran sin rostro, nuestro sueño no cabe en un papel. **No nos detienen.** Porque la sangre que corre es de lucha y de historia, de abuelos que alzaron su voz contra el olvido. Y aunque hoy nos pinten como extraños en esta tierra, somos latidos del mismo continente. — *Persíganos hoy, que mañana seremos* *el pueblo que nunca pudieron vencer.*
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