En la frontera se escucha el llanto,
no es el viento, es un niño espanto,
separa el muro, el frío concreto,
de un sueño roto, de un padre inquieto.

Trump al poder, con verbo de guerra,
como si el alma tuviera frontera,
con leyes duras, jaulas al sol,
criminaliza al que busca el rol.

«Indocumentado» como etiqueta,
como si el hambre tuviera receta,
como si el miedo cruzara en balsa
por puro gusto, sin causa falsa.

Redadas nocturnas, gritos, terror,
familias partidas sin compasión.
¿Dónde quedó el país de acogida,
que prometía una nueva vida?

Pero el barrio no olvida el desprecio,
el odio envuelto en falso progreso,
la Casa Blanca con su muralla,
pisando fuerte al que no se calla.

Aquí seguimos, con o sin papeles,
al sol, al lomo, rompiendo niveles,
porque aunque nieguen nuestra existencia,
somos el pulso de su conciencia.

Deja un comentario

Latest Articles