Camina en silencio, mirada vacía,
la noche lo envuelve, la calle es su guía.
No nació ladrón, no nació torcido,
la vida lo empujó por un camino herido.
Manos ligeras, alma pesada,
entra y sale sin dejar nada.
Roba comida, a veces billetes,
pa’ darle a su hermana zapatos y suetes.
El barrio lo ve, lo conoce bien,
dicen su nombre, pero callan también.
Porque allá donde el hambre golpea temprano,
el delito a veces es pan con la mano.
Le enseñaron pronto que el mundo es injusto,
que el rico te pisa, que el pobre es un susto.
Y aunque su reflejo no lo convence,
sabe que el sistema nunca lo entiende.
Corre entre sombras, escucha sirenas,
su vida es un juego sin reglas, sin penas.
Pero al mirar al cielo, desde un tejado,
sueña con ser algo… no solo un culpado.




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