Jeff con su imperio, Mark con su red,
te venden la vida sin que sepas qué.
No cargan pistola, ni entran con combo,
pero saben más de ti que tu propio entorno.
Un clic, un scroll, ya firmaste el trato,
tu alma en la nube, tu rostro barato.
Compran tus gustos, tus pasos, tus miedos,
y luego los venden a precio de credos.
Bezos te mira desde su mansión,
con drones y data, sin compasión.
Mark te conecta, dice “es por amor”,
pero el “me gusta” tiene dueño y valor.
Somos el producto, no el usuario,
la red es su reino, el código su horario.
Tu vida privada ya no es tan tuya,
cuando la app escucha mientras murmullas.
Te espían sin cámaras, solo con likes,
te cruzan en listas como en un fight club.
Y el barrio en su cel, feliz y distraído,
sin ver que el control viene en modo fluido.
Así que despierta, borra esa app,
que no hay privacidad en su trampa digital.
Son dioses de datos, reyes sin ley,
te venden a ti… sin saber qué firmé.




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